En 2018 llegaron a España de manera irregular 63.054 personas. De ellas, 928 eran mujeres con bebés a su cargo, una cifra siete veces mayor que la registrada en el año 2017, cuando se detectaron 126.

El flujo migratorio de mujeres que llegan por el litoral español irregularmente se ha desplazado desde zonas del África anglófona en favor del África francófona en los últimos años.

 

Entre las personas migrantes, existe un colectivo de especial vulnerabilidad, conformado por mujeres subsaharianas  acompañadas de niñas y niños y/o embarazadas, presentando las siguientes características:

  • Situación administrativa irregular
  • Carecen de toda documentación
  • Viaje dirigido y organizado por terceras personas, con las cuales generan una deuda
  • Notable grado de sufrimiento padecido
  • Fuerte control externo
  • Adiestramiento en el modo de comportarse y la información que deben facilitar a su llegada

 

Este perfil es propio de potenciales víctimas de trata, siendo muchas de ellas explotadas desde sus países de origen, y sobre todo, durante el tránsito migratorio. Estas mujeres siguen estando en grave riesgo de ser explotadas por las redes de trata que operan tanto en nuestro país como en el resto de Europa. 

 

La legislación española en su artículo 59 bis de la Ley Orgánica 4/2000 del 11 de enero, sobre los derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, reconoce a la víctima de trata, informándole sobre sus derechos y ofreciéndole acogerse al periodo de reflexión y restablecimiento. También el Convenio del Consejo de Europa señala que dicho periodo de reflexión debe “ser suficiente para que la persona en cuestión pueda restablecerse y escapar a la influencia de los traficantes y/ o pueda tomar, con conocimiento de causa, una decisión en lo relativo a su cooperación con las autoridades competentes” (Convenio del Consejo de Europa, 20055).

 

El Defensor del Pueblo (2012), ahonda en este asunto señalando que para que este periodo de restablecimiento y reflexión sea efectivo debe estar formado por dos etapas: “Una primera fase donde la víctima ha de restablecerse, sentirse segura, recuperarse física y psicológicamente de todo el sufrimiento padecido y, sólo cuando esta primera fase ha culminado con éxito y siempre con el debido acompañamiento y asesoramiento de una entidad especializada, podrá enfrentarse a esa segunda fase del procedimiento e la que habrá de ser debidamente informada de la posibilidad de cooperar con las autoridades competentes”.

 

Sin embargo, en la práctica se ofrece el periodo de restablecimiento y reflexión de manera simultánea pocas horas después de su llegada a costa, donde si la mujer no se reconoce víctima de trata y no se decide a colaborar con las autoridades no se le presta la protección establecida.

 

El Proyecto Ödos surge como una forma innovadora de intervención integral en relación con este colectivo. En la primera fase de este proyecto ofrecemos un recurso que, por su condición de primera acogida, es un lugar privilegiado para la detección de estas situaciones, donde se permita identificar y proteger a estas personas de una situación de perpetua vulnerabilidad.

 

A esta situación cabe añadir y resaltar la especial desprotección de las niñas y niños que las acompañan. Casi la totalidad vienen indocumentados, y muchos de ellos nacen en tránsito, por lo cual no queda constancia de su existencia. También se dan casos de menores que vienen acompañados por adultos que no son sus padres o madres biológicos. Esta situación les hace especialmente vulnerables.

 

No podemos olvidar que, según el Convenio de los Derechos del Niño de 20 de noviembre de 1989, todos los países firmantes quedan obligados a proteger a todo niño y niña que esté en su territorio, independientemente de su nacionalidad. 

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